La llamada de Dios es constante 2/7
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- Categoría: D. José Luis Morrás-Etayo
Desde que era pequeño D. José Luis sabía que tenía que ser sacerdote, pero fue en la universidad cuando empezó a sentir la llamada más fuerte. Nos cuenta cómo el Señor no dejó de insistir hasta que obtuvo la respuesta deseada, un sí incondicional. Además, nos habla de cómo su relación con el Señor y la ayuda que recibía en la dirección espiritual fueron lo que le mantuvieron en el buen camino hasta que entró en el Seminario.
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Los cristianos tenemos el privilegio de tener dos madres: nuestra madre de la tierra y nuestra madre del Cielo, la Virgen María, que es Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Cómo es posible que habiendo recibido este gran regalo nos olvidemos tanto de Ella? Dios, conociendo las necesidades del hombre, quiso poner a nuestro lado a su madre para tener un modelo de entrega total a Dios, una mujer que renunció a lo más grande que tenía, su Hijo, para que la humanidad entera fuese redimida. El P. José María Escudero, Misionero de Cristo Rey, considera imprescindible que el sacerdote acuda en oración a la Virgen María fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque es su madre y, en segundo lugar, porque Ella quiere ayudarle para que desarrolle su ministerio sacerdotal unido firmemente a su Hijo Jesucristo.
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