Yo deseo salvar a todas las almas
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- Categoría: Es la hora de la Divina Misericordia
"Hija mía, escribe que, cuanto más grande es la miseria de un alma, tanto más grande es el derecho que tiene a mi misericordia, e invita a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas" (Diario de Santa Faustina Kowalska, 1182).
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Los cristianos tenemos el privilegio de tener dos madres: nuestra madre de la tierra y nuestra madre del Cielo, la Virgen María, que es Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Cómo es posible que habiendo recibido este gran regalo nos olvidemos tanto de Ella? Dios, conociendo las necesidades del hombre, quiso poner a nuestro lado a su madre para tener un modelo de entrega total a Dios, una mujer que renunció a lo más grande que tenía, su Hijo, para que la humanidad entera fuese redimida. El P. José María Escudero, Misionero de Cristo Rey, considera imprescindible que el sacerdote acuda en oración a la Virgen María fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque es su madre y, en segundo lugar, porque Ella quiere ayudarle para que desarrolle su ministerio sacerdotal unido firmemente a su Hijo Jesucristo.
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